“Quiero fomentar la grieta”. Lo que piensa realmente Rodríguez Saá

El Gobernador se dirigió a la urbe, tergiversó, manipuló, provocó y amplió la grieta. Lo que realmente quiso decir en su mensaje es un fiel reflejo del manual de estilo de Rodríguez Saá.

A lo largo de cuatro décadas queda absolutamente claro que Alberto Rodríguez Saá no tiene Dios, no tiene rector, se basa en su propia forma de entender, administrar y ejercer el poder. Una suerte de sobreviviente extremo que repite el mismo patrón de conducta. Se maneja con lo que podríamos llamar su propio manual de estilo en el que todos son jugadores a los que usa en determinada circunstancia y en la que todos son responsables de los errores, salvo él.

En la tarde del viernes 23 de abril volvió a hablar de la pandemia, se rodeó del Comité de Crisis y dio un mensaje en el que no faltaron los gestos, las palabras , las definiciones y la puesta en escena. Abandonó radicalmente el color negro que envolvía los discurso de 2020 cuando a fuerza de miedo encerraba a la población, perseguía a los que intentaban desconocer su órdenes, les armaba causas judiciales y los exponía públicamente para que sintieran en escarmiento. Durante gran parte del año anterior San Luis se mantuvo con muy pocos casos o números que no ponían en riesgo a la población en su conjunto y sobre todo al sistema de salud.

Enfundado en su sistema autocrático de gobierno, el mandatario cambió la estrategia siempre definida en su necesidad de mantener vivo el poder. Abandonó las amenazas, cambió los colores oscuros de la pantalla por plantas y colores más cálidos, eligió a los mismos personajes serviles para que lo acompañen, salvo que esta vez deben explicar cómo es posible que con más de 1000 casos diarios, con un sistema sanitario desbordado, sin profesionales y en muchos casos sin vacunas, todo estará abierto y con el agravante de cargarle a la sociedad la mochila de la responsabilidad individual y colectiva. Rodríguez Saá vuelve a correrse del problema, dice que las clases son optativas y elige su mejor poltrona para ser un mero espectador de como suceden las cosas sin tener que intervenir.

El Gobernador entrega al pueblo su obligación de administrar, ejecutar y diagramar políticas que permitan contener una ola de contagios descontrolada y sin rumbo. Eso es precisamente fomentar la grieta.

En psicología, el individuo perverso genera escenarios de manipulación constante, esconde su indolencia, abraza causas en las que no cree y exhibe conductas y palabras que van a contrapelo de sus convicciones. “No vamos a fomentar la grieta” dijo y se enfundó en un documento de los obispos del país para levantar la bandera de que de esta pandemia “saldremos juntos y mejores”. Rodríguez necesita de la grieta, vuelca sus responsabilidades en los demás, divide opiniones frente a la presencialidad optativa de la educación, se muestra como un pensador primitivo y básico en sus conceptos para explicar la no medidas tomadas, sostiene como propio un documento de la religión a la que combatió toda su vida. Nada importa salvo la perpetuidad.

“Quiero fomentar la grieta”, es lo que lo mantiene vivo y en lo que afianzará su estrategia de campaña.

 

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