Adolfo pide la renuncia de la Ministra Spinuzza pero se olvida de su escándalo sexual con droga y vídeo incluído

Doble moral. El Senador salió públicamente a pedir la renuncia de la Ministra de Educación que confesó estar drogada y borracha durante un viaje a Holanda. Rodríguez Saá levanta el dedo acusador pero su pasado lo condena. En 1993 se vio involucrado en un escándalo sexual con su amante, que incluyó un consolador, relaciones homosexuales, droga y un vídeo que nunca salió a la luz.

Adolfo mandó a su esposa Gisela Vartalitis a pedir la renuncia de Spinuzza, una joven sin ningún antecedente académico que dirige la educación en la provincial. El Gobernador Alberto Rodríguez Saá salió con los tapones de punta a través de su hija Luz quien trató de estafadora a la esposa del Senador. Así de tranquilos son en la dinastía.

En las últimas horas Adolfo apeló a su tono pausado, con iluminación tenue y una escenografía que lo tiene como principal protagonista grabó un vídeo para decirle a la Ministra que cuando la vida privada trasciende «son acciones públicas, entonces tenemos un problema y necesitamos succionarla para garantizar la gobernabilidad. Para contribuir a la gobernabilidad quiero pedirle a la señora Ministra que facilite al Gobernador la reorganización del gobierno, renuncie señora Ministra».

Adolfo parece tener la memoria frágil, cuando él gobernaba protagonizó el mayor escándalo sexual de las últimas décadas en el país. Un repaso por el archivo no deja lugar a dudas, Adolfo no renunció cuando su responsabilidad institucional era mucho mayor a la que tiene hoy Spinuzza y cuando el escándalo acompañaba el cargo que ostentaba.

Un apartado del periodista Miguel Wiñazki para la revista Viva resumía: “Entre la noche del día 21 de octubre de 1993 y la madrugada del 22, el gobernador fue secuestrado para después ser torturado, golpeado, denigrado y sometido a escenas para vincularlo con el sexo, la homosexualidad, la violencia, la droga y la pornografía”.

“La Turca” Sesín negó las acusaciones y dijo que ella se encontraba “haciendo cositas” con el gobernador cuando llegaron unos hombres. Declaró ante un funcionario cercano a Alberto Rodríguez Saá y se negó a hacerlo en la justicia, pero este funcionario la había grabado. Según ella, el día del aniversario de su amorío fue con el gobernador al hotel alojamiento «Y..No C», donde tomaron unos vasos de whisky hasta que alguien tocó la puerta. Acto seguido, se metieron unos hombres que los encapucharon, los llevaron en un auto hasta una casa donde los sometieron a una sesión de fotos y video desnudos. Les arrojaron una “supuesta cocaína” y, siempre según “La Turca”, “decían que nos pongamos así, o de otra forma, que le besara… el órgano”. Pero su relato se cayó al poco tiempo y con Salgado cumplieron condena. Doyhenard, el otro acusado, huyó del país.

Terminada la función fotográfica les dieron la orden de vestirse. En ese momento le acercaron al gobernador un mensaje: “Tu imagen pura ante el pueblo tiene un precio, vale tres palos verdes, tres millones de dólares. ¿Se imagina estas fotos o la filmación en las manos de la oposición? Neustadt, Grondona o Longobardi. ¿O en manos de sus hijos?”. Y finalizaba dando instrucción del pago y que si no lo hacían iban a empapelar la ciudad con las fotos.

“La Turca” y “El Adolfo” llevaban una relación amorosa de ocho años que había significado para “su amante favorita”, según recopila Wiñazki en El Adolfo, una ascenso meteórico a periodista de Canal 13 de San Luis a la semana de conocerse y, poco después, a la gerencia del Instituto Oficial de Previsión, la Caja Social. Así, se la empezó a ver con relojes Rolex, tapados de piel y con nuevas medidas hechas por el bisturí. Pero algo pasó y cayó en desgracia.

Destituida de su cargo, pasó a asesora de prensa del Senado, un claro descenso. Alejandro Salgado fue otro de los hombres utilizados por esta femme fatale, como la definió Bernardo Neustadt. También casado y con hijos, eran amantes y juntos planearon el secuestro y extorsión del líder puntano. Mientras, su hermano Alberto, desde el Senado, y Jorge Bolívar, filósofo y referente del entonces gobernador, desviaban el escándalo amoroso diciendo que se trataba de una operación política por la reciente oposición del bloque a la reforma de la Constitución Nacional aprobada por el menemismo.

El tema duró tres meses en los medios y, a pesar de los anuncios de la publicación de las fotos y videos, estos nunca aparecieron. En El Adolfo, Wiñazki cierra el caso remarcando que “La Turca” y Salgado, tras cumplir tres cuartas partes de la pena, se encuentran disfrutando su libertad condicional con “notoria suficiencia económica”.

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