Jorge Rial le dedicó un capítulo a Alberto Rodríguez Saá

Después de la triste puesta en escena para perjudicar la imagen de Poggi por parte de los hermanos Rodríguez Saá, recordamos que nos es la primera vez que utilizan el mismo modus operandi para distorsionar la realidad con actores, a fines del 2014 el periodista de chimentos  Jorge Rial lanzó su tercer libro y le dedico al gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá un par de páginas.

Extracto: «Yo, el peor todos» de Jorge Rial

Muchos políticos me quieren conocer o se me acercan, precisamente, porque no soy un periodista político.

Porque veo la realidad con otro prisma.

Muchos se desnudan, como si estuvieran frente a un terapeuta.

Jorge Rial conducto de Intrusos

Y otros tantos son capaces de montar una escenografía para convencerme de que son los más Populares del mundo.

De estos últimos, el caso más pintoresco es el de Alberto Rodríguez Saá, ex gobernador de San Luis.

Lo juro: una tarde me plantó un grupo de extras, en el medio de un shopping, para hacerme creer que era archiconocido, muy creíble, y además imbatible.

La historia de su intento de seducción empezó primero en su provincia, en San Luis.

Sucedió antes de las elecciones de 2009.

Siendo gobernador me invitó junto a mi familia al Potrero de los Funes, ya ni me acuerdo con qué excusa.

Rodríguez Saá nos subió a un avión privado y nos invitó a comer a su casa, un sábado a la noche.

Se trata de una mansión enorme, majestuosa, con pinturas y esculturas que él mismo diseña, de muy mal gusto, horribles.

Pintura de Alberto Rodríguez Saá

Él mismo nos explicó por qué lo hizo: alguna vez se consideró admirador de genios del arte como Jackson Pollock, Mark Rothko, Frida Kahloo, Antoni Gaudí. Y ha creado obras a partir de chatarra o elementos de descarte.

Cuando llegamos al enorme quincho que tiene para recibir visitas, había como cuarenta personas: se estaba filmando Mis días con Gloria, una película dirigida por Juan José Jusid, y protagonizada por la Coca Sarli, Luis Luque y Nicolás Repetto, en esa movida rara que armó la provincia para revitalizara la industria audiovisual.

El gobernador de San Luis, en el estreno en Buenos Aires de Mis días de Gloria (2010)

Estaban todos los del elenco comiendo, y yo sentado frente al gobernador, hasta que de golpe entró Juan Curuchet, campeón olímpico argentino de ciclismo, con cuarenta ciclistas más.

Juan Curuchet y Walter Pérez ganadores del oro en Pekin 2008, luego el mar platense seria contratado por el gobierno de San Luis

Entonces Rodríguez Saá se paró, empezó a mover las manos y ordenó:

—¡Bueno! Levántese todos, que llegó el segundo turno!

Fetiche , Estancia Grande

Todos empezaron a levantarse. Yo miré a Silvia, que por entonces era mi mujer:

—¿Segundo turno?¿Qué carajo es esto? Hagamos de cuenta que estamos comiendo por que nos van a echar a la mierda.

Rodríguez Saá pareció escucharme:

—No, Jorge, ustedes quédense, por favor.

Todos los demás se levantaron. Enseguida las camareras cambiaron los platos y se sentaron todos los ciclistas. Parecía una escenografía viviente.

Y era demasiado. Hasta para mí.

Alberto mostró para la revista caras su casa de El Durazno

En un momento me levanté de la mesa y salí al balcón que daba al quincho. Había un hombre parado, solo. Le pregunté:

—¿Ciclista o actor de la película?

—Ni una cosa ni la otra.

—¿Y qué hace acá?

—Vine porque mi invitó un amigo. Y mi amigo tampoco sabe bien qué está haciendo acá. A él alguien le dijo: “Vénganse a comer a lo de Rodríguez Saá”. Y acá estamos.

—¿Me está jodiendo?

—No, en serio. No conocemos a nadie, pero la estamos pasando de puta madre.

Toda la escena era lisérgica.

Cuando me estaba por ir, me atajó el gobernador.

Yo, para sacarle un tema de conversación le pregunté por qué la provincia no se metía más en el tema de los vinos.

Me dijo que le parecía una idea genial y me propuso encontrarnos en Buenos Aires en un par de semanas. Incluso fijó día, hora y lugar:

Patio Bullrich, en una mesa de la planta baja. Justo la que está debajo de la escalera.

—¿Allí mismo?—pregunté, porque pensé que me estaba tomando el pelo.

—Sí, justo ahí—me confirmó sin dudar.

Llegué primero.

En seguida apareció el gobernador.

No habíamos empezado a charlar sobre los vinos cuando aparecieron un par de viejitos y se le abalanzaron:

—¡Gobernador! ¡Usted puede salvar a este país!

Rodríguez Saá se paró, agradeció y respondió:

—Les prometo que voy a hacer todo lo posible.

A los cinco minutos apareció otra pareja. Eran grandes, un poquito más jóvenes, pero tenían el mismo discurso:

—¿Usted no es Rodríguez Saá?¡Necesitamos un presidente como usted!

—Gracias, amigo. ¿Cómo están? Yo acá, tomando un café con Jorge Rial.

Al rato aparecieron dos “espontáneos” más.

Y cuando se estaba acercando el tercero, lo encaré y le dije:

—Gobernador: ya está. No es necesario.

Primero intentó hacer como que no entendía.

Entonces fui lo más claro que podía ser:

En serio. Pare con los extras. Ya es suficiente. Ya entendí el mensaje. En este shopping, a esta hora, nunca hay nadie. Y encima, los pocos que vienen, van directo a saludarlo a usted.

Lejos de negarlo o amilanarse, le agarró un ataque de risa y enseguida llamó a su colaborador, que estaba revoloteando por el medio de las mesas.

—Ya está. Para los a todos. Ya está. Ya no es necesario.

Yo no lo podía creer.

¡Me había puesto extras!

Me puso extras para demostrarme la “empatía” y el “nivel de popularidad” que tenía entre la gente.

Supongo que pensaría que yo no me daría cuenta y que iría corriendo a comentarlo en mi programa de televisión.

Ahora que pasó tanto tiempo, estoy seguro de que no le habrá gustado nada que lo pusiera en evidencia.

 

Jorge Rial – Yo, el peor de todos (2014)
Libro en PDF: https://goo.gl/yfCej3
Capitulo 9 (Pagina 131)

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