Riccardo quiere un “impuesto a la timba”

El Diputado Nacional pide que se le grave un impuesto a la recaudación del juego, enfrente están los intereses de empresas poderosas como  Slots Machines, que dirige Juan Altieri.

En medio del debate por el proyecto que la oposición consensuó y llevó al recinto en la Cámara Baja del Congreso, el legislador de Cambiemos por la provincia de San Luis dio a conocer su postura la cual fue reflejada por su colega, la diputada Cornelia Schmidt Liermann en una nota de opinión para Infobae.

Los ganadores del debate impositivo son los patrones del juego

Ya lo decía Jorge Luis Borges: “Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara”. Y en el stand up de la oposición que vivimos el pasado miércoles con el tratamiento del proyecto de ganancias, esta idea se concretó: los anuncios a la prensa fueron ficciones, leyendas, reflexiones que en definitiva confirmaron una ausencia total de realidad. En el medio, nos perdimos la oportunidad de alivianar la situación de aquellos que hacen las cosas bien y que merecen un reconocimiento: la clase media, esencia argentina y ejemplo de la movilidad social de otros tiempos.

Quizás sea reflejo de que el peronismo-justicialismo, errante en su rumbo, se ve obligado a jugar con ambigüedades y paradojas con las que arrincona al proceso argumentador de la razón. Ha manifestado, desde el devenir de los K, las dificultades existenciales de encontrar la identidad personal.

La media sanción de ganancias no es derrota del Gobierno, es el sinceramiento de la irresponsabilidad de la oposición: más inflación y déficit fiscal, que ocasionan más pobreza. Pero también oculta una legitimación que nos debe alertar, ya que nos conduce a la cuasi parasitaria relación con el mundo del juego. Hay algo que no se está difundiendo y es la aprobación de la exención impositiva más vergonzosa de los últimos tiempos para una actividad económica (?) que sólo genera adicción y retroalimenta el desamparo: el imperio del juego.

El efímero efecto de haber ganado, festejado con los cánticos de la marcha peronista, encubrió un pacto espurio que pocos medios informaron. Pero que fuera denunciado por Cambiemos en contundente intervención de mi colega radical, el diputado José Luis Riccardo: el proyecto de ley de la oposición sobre ganancias desenmascara el acuerdo con la timba nacional.

La media sanción de ganancias no prevé gravar al juego, sino sólo a las máquinas tragamonedas. Para estas, se determina como base imponible el valor al costo de adquisición o del ingreso al patrimonio, al cual se le restará el importe que resulte de aplicar el coeficiente anual de amortización correspondiente a los años de vida útil. ¿La recaudación? ¡Bien, gracias!

En ejemplo magistral de otra colega de esta colación parlamentaria (por más que les pese a algunos, hay animus republicano de unión, que reconoce un líder contundente en nuestro presidente Mauricio Macri), la santafecina Ana Copes grafica el proyecto confeccionado a medida de la “cosa nostra”: una máquina cuyo valor se calcula en 7.000 dólares, más un 20% de arancel de importación, con una vida útil estimada de dos años, sufrirá una detracción por amortización del 50% anual. Si consideramos que en el año 2015 se importaron prácticamente 7.700 máquinas (7.697) y que el impuesto rige a partir de 2017, el efecto es igual a cero, ya que amortizó el 50% en 2015 y el otro 50% en 2016.

En el proyecto de Cambiemos se grava la cifra anual y por máquina en 40 mil pesos (7.700 del año 2015, 10.300 de 2016 y, como mínimo, unas diez mil máquinas para 2017), con lo que estaríamos hablando de una suma a recaudar de 1.120 millones de pesos. Nuestro proyecto significa, de base, recaudar nada más ni nada menos que seis veces más. ¿Será por eso, para evitar que la verdad salga a la luz, que, en un acto antidemocrático, nos prohibieron intervenir durante la votación?

Dueños del juego, la mayoría grupetes monopólicos inescrupulosos, se apropian del presente y del futuro de los que menos tienen. Un paralelismo no casual de la práctica kirchnerista: enriquecerse a costa del más vulnerable.

No hay win-win relationship en el mundo del juego, sino sólo historias con triste final: para el consumidor o el usuario (que, aunque gane, va a terminar perdiendo), su alegría efímera se diluye dejando rastros de coerción, pero al daño individual se suma el colectivo.

El taxista que me llevó a casa en la madrugada del jueves lo dijo con elocuencia: “Es obvio que los massistas kirchneristas tranzaron con los timberos: ¿no vio cómo desalojaron la calle los piqueteros del juego después de la conferencia de prensa?”. Será que habrán encontrado benefactores para defender la casta.
La autora es diputada nacional por el PRO.

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