Alberto y Adolfo trajeron a Carlos Ahumada a San Luis y ahora lo escupen

Alberto nos toma el pelo, se muestra como el más férreo enemigo del empresario, fueron socios y le brindó a Ahumada, junto a su hermano Adolfo, todas las garantías para llegar a San Luis. Lo usaron y ahora lo escupen públicamente.

Es la cara de la hipocresía, sólo una mente perversa, maquiavélica y sin límites como la de Rodríguez Saá puede concebir la idea de que nadie podría sospechar de su relación con Carlos Ahumada Kurtz. El turbio empresario nacido en Argentina y con ciudadanía mexicana llegó a la provincia apadrinado por los hermanos feudales, fue Hugo Marín, mano derecha de Adolfo, el encargado de generar las condiciones para que el hombre vinculado al narcotráfico internacional fuera gerenciador de Juventud.

Con un extenso contrato, avalado por Alberto y Adolfo, Ahumada dejó al borde del abismo al Juve. La situación del club puntano no resultó ser una novedad en el frondoso prontuario del «mexicano», el pasado reciente lo ubicaba en la misma situación con talleres de Córdoba y anteriormente sus andanzas por el fútbol del país Azteca le daban los peores antecedentes. «La Liga mexicana también impidió la presencia en la Primera División del empresario argentino-mexicano Carlos Ahumada, cuando éste compró los equipos de Santos Laguna y León, que perdió tras verse involucrado en un escándalo de desvío de recursos en la capital mexicana», contaba en aquellos años la agencia internacional EFE.

Así y todo, Alberto y Adolfo dieron asilo a Ahumada, no les importó que fuera una suerte de estafador serial y que se lo vinculara una y otra con el narcotráfico internacional. San Luis, de la mano del gobernador Rodríguez Saá, acogía a un personaje nefasto, tan despreciable como lo que usufructuaron de sus relaciones empresariales. En marzo de 2010, el flamante gerenciador firmaba contrato por 10 años con opción a un período similar. Aseguraba que invertiría cerca de 1.500.000 dólares y que adquiriría 10 hectáreas, lindantes al predio de las cinco que había comprado “el Juve” para las divisiones inferiores; la construcción de mil metros cubiertos en ese lugar; y la refacción del estadio. Nada de eso hizo y el 17 de agosto de 2011 se alejaba del Auriazul.

A los tres meses de abandonar Juventud, en noviembre de 2011, era electo presidente de Estudiantes de la mano de otro socio de Rodríguez Saá como Bartolomé Abdala, presidente de la Liga Sanluiseña de Fútbol, fue y lo recibieron con los brazos abiertos, la suerte estaba echada y los perjudicados serían los mismos de siempre, futbolístas, empleados, hinchas y el renombre de la institución.

Ahumada llegó, con los peores presagios, durante la segunda gobernación de Alberto Rodríguez Saá. Con las cartas sobre la mesa y con urgencias muy distintas, Alberto empujó a Carlos Ahumda para que deje la Presidencia del Verde. No sólo eso, además desconoce cualquier relación con el empresario y le endilga todos los males del fútbol local.

Ni bien asumió, Alberto ordenó someter a los clubes a sus caprichos y bajo el peso de su zapato. Estos detestables personajes encontraron en el deporte la manera de hacer negocios, traficar algo más que influencias y esconderse detrás de escritorios que les den poder. A uno se le terminó, el otro ve el final de camino cada vez más cerca y hace lo imposible para que el tiempo no avance, esta vez no podrá.

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