Barrilete Cósmico: A 30 años de una tarde histórica

Hay sólo un partido que nos hermana a todos los amantes del fútbol de nuestro país, nos iguala y nos une en la cima de la emoción. El pico de “argentinidad” en sólo 6 minutos de juego, la trampa y la genialidad ante un rival demasiado especial.

Por todo lo que hubo en juego sobre el verde césped del estadio Azteca, la tarde del domingo 22 de junio de 1986, por su antes y su después, por su potencia simbólica, por lo que sigue disparando luego de tres décadas y, sobre todo, por aquellos dos goles de Diego Maradona, el de “la mano de Dios” y el mejor de todos los mundiales, el Argentina 2-Inglaterra 1 de 1986 es el partido más importante de la gloriosa historia del fútbol argentino. Por encima, incluso de las dos finales mundiales ganadas. Una semana más tarde a Alemania y en 1978 a Holanda.

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Pero quizá nadie como Jorge Valdano haya captado, con su fina sensibilidad de conocedor del fútbol desde todos los lugares posibles (jugador, técnico, dirigente y periodista), las claves ocultas de este fenómeno.

“Los demás –agrega– teníamos alguna posibilidad sin él, pero ese no. Tuvo una importancia simbólica por toda la carga emocional que traía el partido. Para los argentinos era algo así como ‘con bombarderos nos pueden ganar, sin ellos ganamos nosotros’. Y ese día Diego, con la fuerza de su personalidad y de su genio futbolístico, se convirtió en el nuevo general San Martín”

“Yo quería ganar –afirma Ricardo Giusti– no sólo porque era un partido de fútbol. La palabra revancha no sé si es adecuada, pero como que uno estaba haciendo algo para los muchachos que estuvieron peleando. Ganándoles a los ingleses era como algo para los muchachos que estuvieron en Malvinas. Como decir, bueno, les pudimos ganar a estos hijos de puta, viste, en el término futbolero”.

Y aquí está todo. Aquella tarde en medio del smog y del calor insoportable del mediodía mejicano, todas las coordenadas emocionales del fútbol confluyeron sobre el estadio Azteca para convertir ese partido en un hecho único, irrepetible.

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Los jugadores se prometieron vengar la derrota nacional en la guerra de Malvinas de 1982. Jugaron en memoria de los pibes caídos bajo un manto de neblina en las islas del Atlántico Sur.

En el de “la mano de Dios” estuvo la picardía, el potrero, Villa Fiorito, la rapidez para sacar una ventaja antirreglamentaria pero ventaja al fin y destrabar un partido que venía chivo, complicado. Y el otro, fue el gol de todos los goles, una obra de arte futbolero.

Virtuosismo, atrevimiento, habilidad y velocidad, todo junto y en el mismo instante, para dejar cinco ingleses en el camino y entrar en la eternidad futbolera. Tardó 10, 6 segundos y 44 pasos en hacerlo.

Para el periodista Ernesto Tenembaum, es el máximo momento de la historia argentina. Y no parece exagerada la referencia. Sucedió hace 30 años. En el partido más grande de todos. Como aquella vez, seguimos temblando de la emoción.

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