Una mendocina, la primera argentina en jugar fútbol americano profesional

María Paz Luzuriaga es criada en Mendoza -donde nació en 1980-, viajó a México en 2006 con una propuesta bien alejada del campo de juego: «En ese entonces era modelo, había trabajado en Europa durante tres años, y cuando me ofrecieron probar en México, acepté».

Fueron 12 años en los que, más allá de las pasarelas, se recibió de abogada, hizo una maestría en Derecho Civil y consiguió trabajo como perito forense. Sin embargo, nunca dejó de hacer deporte: «En nuestra familia, siempre nos inculcaron la importancia de la actividad física, así que practiqué hockey, vóley, y básquet, pero lo que más entrené fueron los deportes de contacto: kick boxing y boxeo».

Un poco por la pasión deportiva y otro poco por curiosidad, en 2015 decidió que quería aprender a jugar fútbol americano. Empezó a entrenarse hasta que la invitaron a integrar Las Panteras, un equipo amateur de Ciudad de México.

Según una encuesta de Consulta Mitofsky del año pasado, el fútbol americano es el sexto deporte más popular en el país azteca, detrás de la lucha libre. Y, desde hace tres años, se juega de manera profesional, pero solo entre los hombres. En Las Panteras, Paz enseguida se ganó su puesto como liniera -defensiva y ofensiva-, ubicación que conservó en los siguientes equipos por los que pasó: Fenix, Caimanes y Pitbull’s. Pero en esa carrera meteórica, se había propuesto dar un salto mayor: llegar a la LFL, el máximo nivel. Historia de una liga Como en el derrotero personal de Paz, la liga femenina primero se llamó Lingerie Football League y nació en 2009 como un espectáculo para los entretiempos del Super Bowl, más cerca de las pasarelas que de las habilidades deportivas: la belleza física de las jugadoras, que debían competir en bikini, primaba por sobre su capacidad.

Pero los vientos de cambio y las luchas por la igualdad de género también llegaron a las canchas, y lo estrictamente deportivo empezó a ganar terreno por sobre la perspectiva sexista. En 2013 cambió su nombre por Legends Footbal League, y su fundador, el controvertido Mitchell S. Mortaza, tuvo que reconocer que la estrategia de marketing que ideó para atraer al público masculino había llegado a su fin, y que ahora debían concentrarse en lo deportivo: «Es nuestro próximo paso para que el deporte sea global y se extienda al resto del mundo. Queremos que llegue a Australia, Europa y Asia».

En ese volantazo, entraría el cambio de vestimenta -las camisetas reemplazaron a los corpiños y los shorts a los bombachones-, la remoción de las imágenes de «mujeres sexies» de los logos y el eslogan: en lugar de «Verdadero fútbol de fantasía» pasaría a ser «Mujeres de Gridiron» (así se llamó a la primera versión del Fútbol Americano en Estados Unidos y en Canadá). Actualmente, la diferencia con la NFL, la principal competencia masculina, es que se juega con equipos de 7 jugadoras en lugar de 11, y en una cancha más pequeña, indoor. Con esta liga como horizonte, a inicios de 2018, Paz probó suerte en el Acoustic, el equipo local de la ciudad texana de Austin. «Quería probarme al nivel más alto y medirme con otras atletas que maman el fútbol americano desde pequeñas, así que antes de presentarme, intensifiqué el entrenamiento -cuenta-. A pesar de que tengo 38 años, mi físico responde: no tuve más que alguna torcedura de tobillo».

En febrero pasado Paz fue seleccionada para integrar el plantel de 20 jugadoras que disputan la temporada 2018, convirtiéndose en la primera argentina en llegar al máximo nivel de este deporte. Así imitó lo hecho por Martín Gramática, hace 19 años, cuando llegó a la NFL para jugar en Tampa Bay Buccaneers, franquicia con la que ganó el Super Bowl de 2003. «El equipo necesitaba reforzar la línea ofensiva, puesto para el que me postulé. Los entrenadores me eligieron principalmente por mi condición física, mi fuerza, mi altura y mis habilidades dentro del campo», enumera Paz. El paso del amateurismo en México -donde combinaba el deporte con su trabajo como perito forense- a la liga profesional significó cambiar completamente no solo su rutina, sino su vida: «Mis días ahora giran en torno al fútbol. A la mañana entreno, a la tarde vemos videos y hasta tuve que cambiar la alimentación. Por suerte, en la adaptación me ayudó una excompañera de México, que está disputando su tercera temporada en Austin».

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