Córdoba: el caso de «la mutiladora» sería una venganza premeditada

Un cuaderno con anotaciones de la joven, hallado en el departamento, es pieza clave. El hombre que sufrió la mutilación de sus genitales sigue delicado. Ella, presa en Bouwer.

“Esa noche, no hubo ningún ataque sexual de él. La hipótesis más firme es una especie de venganza premeditada de parte de la chica”, señaló ayer una fuente vinculada a la investigación respecto de la mutilación que sufrió el sábado pasado un hombre a manos de una mujer que le cortó los genitales con una tijera de podar.

Para apoyarse en esto, cuentan con una prueba de oro: la agenda de la chica con anotaciones de puño y letra donde abunda en detalles de cómo practicar el procedimiento y qué hacer una vez efectuado. “Pedir ayuda”, era una de las anotaciones finales.

El penoso suceso conmocionó a todo el país cuando comenzaron a conocerse detalles sangrientos.

El hombre, S.F. de 40 años, fue operado en el Hospital de Urgencias de Córdoba capital, donde lograron salvarle la vida tras la fuerte hemorragia que le provocó la sección de sus genitales.
Para reconstruir qué pasó entre esas cuatro paredes, en el departamento 6° E de Chacabuco 580, un monoambiente interno, sin balcón, en el que vivía desde hace algunos años B.B. (26), conviene conocer la historia de ambos.

La joven vino a Córdoba desde su Chubut natal a estudiar y el mes pasado se recibió de arquitecta. Según los datos aportados por su defensor, Carlos Nayi, estaba de novia y pensaba casarse con otro muchacho, pero meses atrás comenzó a tener simpatía con un hombre de 40 años, cantante de una banda de rock en la que también tocaría el hermano de ella.

Esa simpatía se afianzó al punto de que ellos se transformaron en amantes. Aparentemente, con matices según quién cuente la historia, la relación sufrió una interrupción hace pocos días.

Nayi sostiene que ella había roto el vínculo y que esa noche él fue al departamento, sin que ella abriera el portero, a buscar un instrumento musical. El defensor sostiene que hubo un ataque sexual, que él la golpeó, la tiró en la cama y la violó.

Asegura el abogado que su clienta tiene moretones en varias partes del cuerpo. También indica que ante la circunstancia, ella “fingió disfrutar” y, cuando pudo, tomó la tijera de podar las plantas que guarda debajo de la cama porque con su novio tienen ese hobby.

Siempre según el letrado, la joven le habría relatado: “No recuerdo qué hice, sólo recuerdo que me ubiqué (sobre los genitales) en el pecho, tomé con una mano y corté con la otra”, sin saber bien qué cortó.

Objetivamente, fuentes policiales y un vecino indican que el hombre, desesperado, salió corriendo hacia el 7° piso, donde consiguió ayuda de una estudiante de medicina qué paró la profusa hemorragia. Esta mujer evitó la hipovolemia y le salvó la vida.

Las manchas en el departamento y en los pasillos dan cuenta del terrible episodio.

La otra parte de esta historia sostiene una versión bien diferente. Quien habla es el abogado que se constituirá como querellante, Eduardo Pérez, a quien la víctima llamó mientras estaba tendido en el palier, sosteniendo la herida para frenar la hemorragia.

El letrado alcanzó a hablar con él mientras lo subían a una ambulancia y le contó que ella le había vendado los ojos con “un antifaz” (sería una cinta). Para su sorpresa, sobrevino lo más cruento.

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