Independiente goleó a Belgrano y obtuvo el pase a la final

En Avellaneda, goleó por 4-1 con goles de Vera -2-, Benítez y Cebolla Rodríguez. Márquez había puesto en ventaja a la visita. El Rojo espera por el ganador de Racing-Estudiantes.

El apogeo de Independiente como estructura demoledora tuvo principio, desarrollo y final. Cuando tuvo que recuperarse de ese golpe impensado que le asestó Belgrano en el comienzo del partido, lo hizo con decisión y mucho fútbol, liderado por Méndez, el Cebolla Rodríguez y Benítez. Ya en la segunda etapa, en ese segmento de paridad y equilibrio, tiempo en que la definición con tiros desde el punto del penal empezaba a asomarse como una posibilidad concreta, fue imparable y en un par de minutos enterró a los cordobeses. Para el cierre, otra vez desplegó las alas en ofensiva y lo que era triunfo amplio por el juego se convirtió en goleada por el marcador.

La jornada terminó dándole forma a otro tramo de crecimiento en el equipo comandado por Pellegrino. De lo producido anoche habrá que subrayar la madurez para no aturdirse con ese tropezón tempranero y sobreponerse desde la convicción de varios para tocar y pasar, para insistir si la anterior salió mal y jamás interrumpir la búsqueda de ese gol que le devolviera la calma.

Ni siquiera se distrajo por la lesión de Mancuello, que se retiró lesionado apenas después de que Vera fusilara a Olave. El murallón defensivo que edificó Zielinski hasta con los 11 jugadores detrás de la línea de la pelota, esta vez el Rojo la perforó con variedad de recursos. La conceptuales proyecciones de Tagliafico, la presión que comando Méndez cuando pone su inteligencia al servicio del equipo, los perfiles que elige el Cebolla para encontrar siempre el lugar donde tocar con ventaja, el desenfado de Benítez para animarse a desnivelar en el uno contra uno y la astucia con profundidad y definición que el uruguayo Vera demuestra en cada movimiento que hace desde tres cuartos de cancha hacia el arco adversario.

¿Qué le pasó esta vez a Belgrano? Más allá de los méritos de Independiente, que no fueron pocos, se tiró demasiado atrás luego de que Márquez convirtiera en el amanecer del juego. Apostó que la conducción de Zelarayán -el fútbol argentino tiene a pocos que jueguen como él en la zona donde hay que crear- le diera el control de las acciones. Y, además, que la autovía del contraataque lo llevara hasta una ventaja más amplia.

Sin embargo, la marea Roja incrustó a Farré y Prediger, los volantes centrales, contra el Chiqui Pérez y Lema, la dupla de zagueros centrales. Así le quedó únicamente Rigoni para tratar de salir rápido, quien finalmente tuvo que ocuparse y preocuparse más por las crecidad de Tagliafico que por acompañar a Zelarayán y Márquez.

El escenario se fue transformando de a poquito en una puja entre dominado y dominador.

Cuando el partido había salido de ese formato, Benítez confirmó en tres minutos que el fútbol se ríe a carcajadas de las verdades absolutas. Porque a veces los triunfos llegan por el aporte colectivo y en otras ocasiones es el desnivel individual lo que resulta vital. El pintó a Rigoni para sorprender a Olave con una definición hermosa y él asistió a Vera para que el uruguayo eludiera a Olave y le podara al partido la incognita del resultado.

Finalmente alumbró la goleada para que Independiente espere tranquilo y confiado lo que Racing y Estudiantes produzcan esta noche en la otra llave. Por supuesto que un partido no abre las puertas para un elogio desmedido ni mucho menos para gastar a cuenta.

Sin embargo, juntar en el mismo combo juego lucido y abundancia de gol no es habitual en el fútbol argentino. Ni siquiera cuando de la Selección se trata. Este equipo tiene crédito. Si es capaz de sostener producciones como estas, es seguro que la Copa Libertadores lo está esperando.

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