Estados Unidos lanzó una nueva serie de ataques contra objetivos en Irán y volvió a elevar la tensión en Medio Oriente. La ofensiva fue anunciada por el Comando Central estadounidense, que aseguró que la operación buscó reducir la capacidad iraní de amenazar la navegación en el estrecho de Ormuz.
La decisión se produjo después de que Washington acusara a Irán de atacar buques comerciales que transitaban por esa vía marítima estratégica. Medios iraníes reportaron explosiones en ciudades costeras como Bandar Abbas y Sirik, además de cortes de electricidad en algunas zonas.
El presidente Donald Trump dio por prácticamente terminado el memorándum de entendimiento con Irán, que había sido presentado semanas antes como un marco para encaminar el fin de la guerra en Medio Oriente.
“No quiero tratar con ellos”, afirmó Trump al referirse al régimen iraní.
Según la administración estadounidense, los bombardeos fueron una represalia por los ataques contra barcos y tuvieron como objetivo instalaciones vinculadas con la capacidad militar iraní en zonas próximas al estrecho de Ormuz.
Trump sostuvo que no busca una intervención prolongada, aunque advirtió que la respuesta estadounidense podría intensificarse si Irán vuelve a atacar embarcaciones. Al mismo tiempo, representantes de distintos países y organismos internacionales llamaron a retomar el diálogo diplomático.
La escalada también puso en duda la continuidad del acuerdo provisional firmado en junio entre Washington y Teherán. Ambas partes venían acusándose de incumplir los términos del alto el fuego, mientras se multiplicaban las señales de deterioro en la negociación.
La nueva ofensiva reabre el temor a una escalada militar mayor en Medio Oriente y vuelve a poner bajo presión a los mercados energéticos internacionales.