A lo Cristina, ahora Alberto tiene La Cámpora Puntana y el jefe es su hijo “Albertito”

Cada vez más cerca de Cristina y repitiendo patrones de mando que son comunes entre los Kirchner y la los Rodríguez Saá, ambas familias conciben el poder y lo ejecutan de la misma manera. No es extraño entonces que Alberto tenga un núcleo de fundamentalistas como los tiene Cristina Fernández con La Cámpora.

En los últimos días, los que comulgan, primero con el cargo y el dinero, y luego con Alberto, aparecieron exacerbando su pertenencia física y mental hacia al cuestionado líder local. Personajes menores, pero estruendosos por los escándalos personales y de gestión, como Anabella Lucero y Ernesto “Pipi” Alí exhibieron sendos tatuajes para agradar al líder de la dinastía gobernante.

La mujer, de estrecho vínculo con el hijo del Gobernador y Secretario General de la Gobernación, se tatuó en su brazo derecho el nombre “Alberto”, algo discreto por si el futuro inmediato no es el que espera y un nuevo tatuaje pueda borrar su, por ahora, pertenencia al poder de turno.

El caso de “Pipi” Alí no resiste ningún análisis, no sólo por el hecho de tatuarse a Rodríguez Saá en la espalda sino porque el tatuador le dibujó a un personaje que dista mucho de ser el actual mandatario. “Le tatuó al abuelo de Heidi”, escribió un avezado periodista en los últimos días retratando fielmente el humor popular. La figura de un señor mayor de barba en la espalda del candidato a Intendente de La Toma emula a la imagen del Gobernador.

Más allá de lo colorido de los personajes, lo cierto es que en ellos se fundamentan los cimientos de un sector que está dispuesto a continuar con los aprietes, amenazas y cualquier tipo de actos que le permitan a su jefe mantener el poder. La Campora Puntana está dispuesta a superar con creces a la original.

Anabella Lucero luce el tatuaje en su brazo mientras prepara la selfie con el jefe.

 

Ernesto Alí muestra orgulloso un tatuaje que podría ser el de Alberto Rodríguez Saá o el de algún señor mayor con barba.

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