Fiebre del litio: ¿oportunidad o burbuja para la Argentina?

La razón del crecimiento exponencial del del «oro blanco» está estrechamente ligada con la multiplicación de dispositivos móviles que cada vez más se vuelven esenciales en la cotidianeidad humana. Argentina está llamada a ser protagonista en la era. 

Es el metal y elemento sólido más ligero. Debe extraerse de minerales, aguas marinas y salmueras. Aunque tiene diversos usos, que van desde el tratamiento de enfermedades hasta la metalurgia, vidrios y cerámicas, su principal destino son las baterías para artefactos eléctricos. De hecho, en la actualidad se utiliza el 39% de la producción con ese fin, pero para 2026 ese porcentaje se elevará hasta 70%. La razón de este crecimiento exponencial está estrechamente ligada con la multiplicación de dispositivos móviles que cada vez más se vuelven esenciales en la cotidianeidad humana.

Para dimensionar la demanda que tiene y tendrá el litio en los próximos años basta con repasar algunas cifras. Según el último informe anual de Mobile Economy de la GSMA, la cantidad de usuarios de teléfono celulares en el planeta superó los 5.000 millones en 2017, pero los equipos activos son cerca de 7.800 millones. Es decir que las unidades existentes ya superaron a la población mundial. Además, hay que sumar los millones de otros dispositivos móviles. Pero quizás la próxima gran explosión ocurra de la mano de los autos híbridos y eléctricos que necesitarán grandes cantidades de litio para sus baterías. Los especialistas estiman que la demanda se triplicará para 2025.

El «Triángulo del litio»

Con este escenario, la Argentina tiene una oportunidad única. Junto a Chile y Bolivia conforman lo que en la jerga llaman el «Triángulo del litio», porque entre los tres países poseen el 68% de la existencia conocida en el mundo hasta el momento de este material. En las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca está el 17% del total de recursos (potencialmente valiosos y cuya explotación se prevé razonablemente factible en términos de viabilidad económica). Mientras que el desierto de Atacama, en Chile, y el de Uyuni ,en Bolivia, tienen el 21% y 30% respectivamente.

A fines del año pasado el Ministerio de Energía y Minería difundió el «Argentina Lithium Map» (mapa del litio en Argentina), elaborado por el Servicio Geológico de Estados Unido s (U. S. Geological Survey) en colaboración con el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar). Según ese relevamiento, nuestro país cuenta con 53 proyectos concentrados en el NOA, con un total de 876.000 hectáreas concesionadas o áreas de arrendamiento. Actualmente se producen menos de 40.000 toneladas al año, pero proyecciones oficiales prevén un «boom» y estiman que para 2022 la producción se elevará hasta 331.000 toneladas. Esto motorizado por un importante incremento de la inversión de empresas extranjeras que llegan al norte argentino en busca del «oro blanco». El Gobierno pronostica un arribo de fondos por casi u$s4.000 millones hasta 2022. Esos desarrollos elevarían los ingresos del país por la exportación de litio hasta los u$s1.900 millones anuales y se crearían unos 3.000 nuevos puestos de trabajo.

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