El Papa empezó su visita a un Chile luego de sobrevolar Argentina

Después de 14 horas y media de vuelo -el viaje más largo de su pontificado-, Francisco aterrizó anoche en un Chile que lo recibió sin grandes multitudes, para la primera etapa de su sexta visita a América Latina.

La gira, una de las más complicadas de su pontificado, terminará en Perú, adonde llegará el jueves. Sin actividad oficial, el Papa fue recibido en el aeropuerto por la presidenta Michelle Bachelet y luego recorrió Santiago.

Tal como se había anunciado, al sobrevolar el espacio aéreo argentino, el exarzobispo de Buenos Aires envió un telegrama de salutación al presidente Mauricio Macri en el que le expresó sus mejores deseos y bendiciones. Aunque su vocero, Greg Burke, había anticipado la semana pasada que sería un texto “interesante”, finalmente fue estrictamente protocolar. Y, a pesar de las expectativas, no mencionó una eventual visita a la Argentina.

Poco después, por Twitter, Macri agradeció el saludo y la bendición en nombre de todo el pueblo argentino. “Deseo que su visita a los hermanos de Chile y Perú sea fuente de paz, esperanza e inspiración”, señaló.

“La Argentina lo acompaña con el cariño y respeto de siempre”, dijo el Presidente.

El Boeing 777 de Alitalia que trajo al Papa aterrizó a las 19.18 locales -con anticipación gracias a vientos favorables- en el aeropuerto internacional de esta capital, donde lo esperaban a los pies de la escalerilla Bachelet y el arzobispo de esta ciudad, Ricardo Ezzati, entre otras autoridades políticas y eclesiásticas.

Dos chicos vestidos con trajes típicos le ofrecieron flores a Francisco que por el viento perdió su solideo, un clásico de los aeropuertos. Sonriente más allá del cansancio por el viaje, la diferencia horaria y el cambio de clima, Francisco fue agasajado con música de una orquesta y el canto de una chica vestida de blanco. Los himnos y los discursos de bienvenida quedaron para hoy, cuando el Papa hará una visita de cortesía a Bachelet en el Palacio de La Moneda.

Francisco, de 81 años, se convirtió en el segundo papa que viaja a Chile después de Juan Pablo II, que estuvo en 1987, cuando gobernaba Augusto Pinochet.

Entonces la visita del papa polaco, aquí aún muy recordado también por su rol para evitar una guerra con la Argentina por el conflicto del Beagle, hizo historia. Y significó aire fresco, ya que Karol Wojtyla pisaba un país aislado, con una iglesia famosa por haber levantado su voz en defensa de los derechos humanos. En el caso de la visita del primer papa latinoamericano las cosas son distintas. Como reflejaron bien los ataques a iglesias y las protestas menores de ayer y los últimos días, así como la ausencia de grandes masas por las calles de Santiago, Francisco llegó a un país de 18 millones de habitantes que está lejos de ser profundamente católico, como hace tres décadas.

La imagen de la Iglesia -conservadora, clerical y elitista- quedó marcada a fuego por el escándalo de abusos sexuales de menores por parte del clero. Un escándalo encarnado en Fernando Karadima, carismático sacerdote de una diócesis de elite de esta capital, condenado en 2011.

Uno de sus pupilos, Juan Barros, acusado de encubrimiento de abusos, fue designado en 2015 por Francisco al frente de la diócesis de Osorno, un nombramiento que consternó a los fieles y causó división en la propia iglesia. Laicos de esa localidad protestaron ayer con carteles al paso del papamóvil.

La credibilidad de la Iglesia también quedó afectada por una jerarquía eclesiástica más preocupada en temas de ética sexual, como el divorcio y el aborto, que en la cercanía a los descartados y en las desigualdades sociales. Justamente por eso pareció una primera señal a los obispos locales que el Papa, en el trayecto que hizo desde el aeropuerto hasta la Nunciatura, decidiera hacer una parada en la parroquia San Luis Beltrán, de Pudahuel.

Allí rezó durante dos minutos ante la tumba de monseñor Alvear, obispo auxiliar de Santiago, fallecido en 1982, conocido por su dedicación hacia los últimos y por eso llamado “el obispo de los pobres”. Preguntado, durante el saludo a los periodistas durante el vuelo, si había conocido personalmente a monseñor Alvear, Francisco dijo que no. Pero que había conocido su fama de pastor cercano a los últimos y que por eso había querido homenajearlo.

Francisco llegó a un Chile secularizado, donde el gobierno de centroizquierda de Bachelet en los últimos años logró legalizar el aborto e intenta lo mismo con las uniones homosexuales y una ley de igualdad de género, algo entonces impensable.

“Hace 30 años Chile vivía bajo una dictadura militar y hoy el país conquistó la democracia. En este período el país ha dado un impresionante salto adelante. Ha habido un enorme crecimiento económico y la pobreza se redujo del 43% al 11%. Sin embargo, quedan grandes desigualdades sociales y la mayor cultura genera conciencia en los postergados y crea muchos conflictos sociales”, explicó el jesuita Fernando Montes, exrector de la Universidad Alberto Hurtado.

En medio de una Santiago marcada por fuertes medidas de seguridad, hoy el Papa entrará de lleno en esta compleja e intensa visita de tres días. En una jornada con una agenda extenuante, pronunciará cinco discursos en cinco citas que despiertan inmensa expectativa.

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