Finalizó otra edición de ‘Burning Man’ el festival más alucinante del planeta

Fundado en los 80 por un puñado de hippies californianos, Burning Man atrae a día de hoy a multitud de vips al desierto de Nevada.

El pasado fin de semana, unas 70.000 personas se reunieron en el desierto concoido como Black Rock, en el norte de Reno, atravesando los casi 200 km que lo separan del festival anual conocido como Burning Man, una escapada en pleno desierto entre instalaciones artísticas, campamentos temáticos, rituales esotéricos, biquinis mínimos y más de una cara famosa.

Diez principios reinan en Black Rock, del tipo ‘Exprésate radicalmente’ o ‘Participa’ . Estas directrices guían a los «Burners» o asistentes en su camino personal hacia el desenfreno y la euforia más absolutos. De ahí, quizá, los celestiales rebozos de la Hilton.

 

Fundado en 1986, Burning Man solo acogía en sus inicios a un puñado de californianos de mente abierta e ideas libertarias. Cuatro años más tarde, pasó de celebrarse en San Francisco a ubicarse en su actual localización, un lugar conocido como Black Rock City. Pronto esta oda a la sequía y la creatividad corrió de boca en boca, por lo que su tamaño aumentó de inmediato. Creció el festival y a la par su atractivo entre el público más variopinto. En los últimos años se ha visto invadido por los grandes popes de la industria tecnológica, con Mark Zuckerberg o Jeff Bezos de Amazon bien a gusto en sus campamentos de lujo y sus caravanas altamente equipadas. Elon Musk, CEO de Tesla Motors, declaró en una ocasión que Burning Man «es en realidad Silicon Valley”.

Y hay más elementos a tener en cuenta además de las condiciones extremas. Según dicta el Principio 3 (desmercantilización), Burning Man se aparta de la economía tradicional en favor de las energías supremas, y se rige por un modelo colectivo y austero basado en el trueque. Tras celebrar su boda en Marrakech, Poppy Delevingne recaló en Black Rock y cuentan que no tardó en quedarse sin comida, por lo que acabó recurriendo a intercambiar su poncho de Burberry por una hamburguesa. La modelo australiana Andreja Pejić iba por suerte más preparada, pues llevó consigo un trío de mercancías a modo de salvamento: “Comercié con agua de rosas, hechizos de amor y Pringles Sweet and Sour”, confesó.

Burning Man se diferencia de la mayoría de festivales en que en su caso no pivota necesariamente alrededor de un selecto cartel de artistas. Allí los Burners deambulan entre desaforadas obras artísticas y de repente se topan por el camino con alguna actuación en directo. “No es un festival al uso, en el sentido de actuaciones organizadas que se desarrollan frente a un público”, explicaba Margherita Missoni a la revista Interview en 2010. “En Burning Man, el público es el espectáculo, las fronteras entre el escenario y la audiencia se superponen y se fusionan. Cada forma de expresión, cada fantasía… todo tiene cabida. Es una especie de utopía”.

DEJA TU COMENTARIO