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Vaca Muerta y la apuesta que podría cambiar la economía argentina

Sólo el año pasado, la explotación de gas no convencional en la cuenca neuquina con Vaca Muerta creció un 233 por ciento; las expectativas del Gobierno para atraer inversiones y los capitales comprometidos mantienen en vilo al presidente Macri por lo que pueda suceder hoy en el bastión de los hidrocarburos.

El gobierno aspira a poder desarrollar Vaca Muerta y atraer grandes inversiones, por eso seguirá con atención los comicios en Neuquén.

De todos los recursos con los que cuenta el país, ninguno se asemeja, en dimensión y utilidades potenciales, al negocio energético que encierra Vaca Muerta. No sólo es el segundo reservorio de shale gas y el cuarto en petróleo no convencional más pródigo del planeta; también es la apuesta a futuro del presidente Mauricio Macri para lograr el autoabastecimiento energético, generar divisas y dar vuelta la economía argentina, si es reelecto.

De allí la importancia capital que revisten las elecciones neuquinas. En la Casa Rosada creen que una victoria del kirchnerismo espantará a los inversores extranjeros, indispensables para desarrollar plenamente, como se aspira, las reservas no convencionales de Vaca Muerta. Creen que reducirán esa “joya de la corona” a un botín. O, en el mejor de los casos, que aflorarán los desmanejos, incompatibles cuando se busca atraer inversiones millonarias a mediano plazo.

La razón radica en que al ser los recursos naturales propiedad de las provincias, las concesiones de los yacimientos también son otorgadas por estas. Así lo dispuso la sanción de la Ley 17.319 de Hidrocarburos, que en la industria petrolera llaman “ley corta” por la amplia potestad provincial.

En Balcarse 50 no se olvidan que durante el kirchnerismo se perdió el autoabastecimiento energético, se importó gas carísimo y que la industria petrolera era superavitaria en sus cuentas comerciales, por lo menos hasta 2006.

En síntesis, en el Ejecutivo no están dispuestos a rifar políticamente esa usina generadora de divisas, en una economía que las necesita en forma acuciante. Y menos cuando ya se tienen comprometidas inversiones que podrían llegar a los US$ 40.00 en los próximos cinco años.

Aunque la meta de largo aliento es poder atraer capitales por un valor mucho mayor: la estimación dentro de la industria sería de unos US$ 120 mil millones hasta 2030.

Los números en la producción del año pasado alientan esas expectativas: la explotación de shale gas creció sólo en 2018 un 233 %, según datos de la Secretaría de Energía. Eso equivale al 40 % del total producido en el país. La explotación de petróleo no convencional, en tanto, se incrementó un 81%, y representa el 16 % de la producción nacional.

Con esas cifras, ni siquiera la prodigalidad del campo, dependiente de factores climáticos, puede hoy disputarle la pole position a esa formación geológica, explotada en suelo neuquino en menos de un 25 % de su territorialidad.

Para comprender su dimensión: Vaca Muerta es una milenaria formación rocosa de 30.000 km2 esparcida por cuatro provincias, pero hoy las siete grandes áreas de explotación intensiva están en Neuquén.

La empresa estatal YPF lidera las inversiones y la explotación de hidrocarburos allí ha hecho ingresar a la Argentina en el selecto club países—hay solo 4 en el mundo: Estado Unidos, Canadá y China y la Argentina—, capaces de explotar con éxito y autonomía esos tesoros no convencionales.

Quién gobierne Neuquén, ergo Vaca Muerta, tendría en sus manos también la ansiada prosperidad de la economía argentina.

La ecuación es simple y la explica el economista Fernando Schpoliansky: “La energía es un insumo estratégico en cualquier economía competitiva. Desarrollar Vaca Muerta en su potencialidad supone incrementar 8 veces las reservas energéticas del país. Eso supondría cubierta la demanda de gas por los próximos 150 años y de petróleo por otros 85 años”.

Pero alcanzar esa meta depende inexorablemente, por los altos costos, de las inversiones de grandes petroleras extranjeras y también de YPF, una empresa que hoy busca su rentabilidad como cualquier otra. También depende de la confianza y seguridad jurídica en el país para atraer esos capitales foráneos.

Esa eventual inversión, agrega el economista, que además es neuquino, tiene la capacidad de generar divisas por una doble vía: “Por lo inyectado en los yacimientos de petróleo, gas y por generación eléctrica, y por la exportación de gas, productos químicos y otros derivados del crudo”.

El impacto que esas inversiones generarían en plano macroeconómico, Schopolianky lo grafica así: “Con esa entrada de divisas y las exportaciones de hidrocarburos, lograríamos revertir el déficit de la balanza de cuenta corriente, que además, nos permitirían recomponer las reservas internacionales del BCRA en forma genuina, sin tener que seguir recurriendo al endeudamiento externo”.

Con esos números en la cabeza, la Casa Rosada seguirá con atención las elecciones neuquinas.

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