Papelón internacional de la Agencia de Noticias de Alberto, manipuló información del Vaticano

La Agencia de Noticias difundió un Tuit de una cuenta no verificada y adjudicó sus dichos a el Vaticano. Es en relación a la compra de medicamentos para pacientes con VIH con los que Rodríguez Saá intenta lograr trascendencia mediática.

La cuenta de Twitter a la que el órgano oficial del gobierno de San Luis hace mención, y la que fuera utilizada en las últimas horas por funcionarios para replicarla, se trata de una denominada Casina Pio IV que hace referencia a “noticias de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales”, cabe destacar que se trata de una cuenta no verificada hasta el momento.

Claramente el Gobierno de Rodríguez Saá buscó sacar rédito político de la compra de medicamentos y trasladarlo al ámbito internacional citando al Estado que gobierna el Papa Francisco al señalar: “El Vaticano reconoce la política humanitaria de San Luis de adquirir medicamentos para pacientes con VIH”.

Sánchez Sorondo, Pablo Moyano y Vera en la CGT.

En ningún momento la máxima autoridad de la Iglesia Católica y del Vaticano se refirió al tema en ninguna red social, tampoco lo hizo ese Estado por lo que la manipulación de la información quedó en evidencia y Alberto suma, ahora, un papelón de índole internacional.

El Papa hizo mención a las noticias falsas y las vinculó con “la codicia y la sed de poder”

 

“Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino, más bien, por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano”, señaló el pontífice.

Y renglón seguido añadió que “las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder”.

Subrayó en este sentido la necesidad de “educar en la verdad”, es decir, “para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros”.

Valoró de esta manera las iniciativas educativas “que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento”, dijo.

Encomió asimismo las que a nivel institucional y jurídico están “encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno”.

Y se refirió a las que “han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de los millones de perfiles digitales”.

Advirtió que “ninguna desinformación es inocua” y que “incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos”.

Según opinó, “el drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos”.

Y en esta línea consideró que las noticias falsas revelan “la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio”.

Por ello, dijo, “ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades”.

A los periodistas, a quienes atribuyó “un compromiso especial” para evitar la expansión de la desinformación, les recordó que “en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas”, recalcó.

“Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas”, expuso para aludir posteriormente a la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación como “procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz”.

Instó, así, a un “‘periodismo de paz’, sin entender con esta expresión un periodismo buenista que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos, sino, por el contrario, a uno “sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes”.

Abogó también por “un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación (…); un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal”.

 

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