Ahora hablan de “la madre de todas las bombas… ¿mediáticas?”

El lanzamiento, por parte de EEUU de la bomba no nuclear de 10 toneladas GBU-43/B MOAB (Massive Ordnance Air Blast) y que según las autoridades norteamericanas: “golpeó un sistema de túneles y cuevas que los combatientes ISIS utilizan para moverse libremente” y habría causado la muerte de 36 personas, presuntamente terroristas del Estado Islámico. Pero lo más rotundo no fue el ataque, sino su más que particular tratamiento mediático.

La crónica pura y dura del hecho pareciera haber sido relegada a un plano secundario. La Fuerza Aérea de EEUU dejó caer una MOAB —la mayor bomba no nuclear del arsenal estadounidense— en una posición de ISIS en una parte remota del noreste de Afganistán, según el Pentágono. El secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo que el objetivo era destruir “un sistema de túneles y cuevas por donde los combatientes de ISIS solían moverse libremente, lo que les facilitaba apuntar contra asesores militares estadounidenses y fuerzas afganas en la zona”.

Sin embargo, y según CNN “La guerra en Afganistán está en su punto más bajo para los afganos y sus aliados estadounidenses desde que los talibanes fueron derrocados en los meses después del 11 de septiembre.” aunque aclara “El éxodo de los occidentales del país ha tenido un impacto negativo en la inversión y el desarrollo en el país.” para concluir “el gobierno de Trump se dedica a una revisión estratégica de ese país, tanto en el Pentágono como en el Consejo Nacional de Seguridad”.

El precio de ¿la paz?
La bomba tiene un costo estimado de u$s 16.000.000 y se construyeron 20 en un plan que costó u$s 314.000.000. Para tener una referencia la bomba de propósitos generales MK-83, utilizada habitualmente por la Armada de EEUU (lanzaron 1.118 en Medio Oriente solo entre 2015 y 2016), cuesta alrededor de USD 12.000.

Un “like” para mamá
Lo que más resonó en los medios en éstos días, no fue el giro imprevisto en la política exterior de Trump (Ya había dado un buen golpe de efecto con los 59 misiles lanzados contra el ejército de Al-Assad) ni el lugar geográfico, mucho menos el costo, y -ni hablar- de la efectividad.

La vedette mediática fue -sin más reparos- ella, la MOAB de manera física, tangible y ¿admirable?. La bautizaron de forma magnánima: “La madre de todas las bombas”y, en efecto, así la luce en todas las portadas de los medios mundiales, lustrosa, impoluta, casi una joya a envidiar por parte de afiebrados dictadores tercermundistas. El esfuerzo de muchos medios, dio sus frutos: lo que comenzó como la crónica de un hecho (devenida luego en una pieza de propaganda digna de años de la guerra fría) parece haber generado mucho más admiración que rechazo en el público.

La legitimación mediática dada al nuevo “bebé” del Pentágono, se esfuerza en esbozar argumentos difusos ligados al combate sin fronteras contra el Estado Islámico, aunque, según coinciden los principales analistas independientes, el poderío del grupo terrorista se encuentra actualmente en otras latitudes del globo. Los más sensacionalistas, arguyen que es un mensaje indirecto destinado al caricaturesco gobierno de Corea del Norte, un hermético y pequeño estado asiático que, a pesar de coquetear con pruebas de armamento, y a diferencia de la agrupación terrorista islámica, no muestra evidencias concretas de ser una amenaza para la paz, y muchísimo menos, a escala mundial.

Para llegar al poder, la administración Trump, se valió de muchas armas, pero sin dudas la principal fue la retórica mediática. Así, se presentó como un reconstructor nacionalista de ese Estados Unidos que los demócratas descuidaron por atender cuestiones complejas y demasiadas lejanas en el mapa

Pero parece que, ya en la Casa Blanca, alguien tocó el hombro del magnate y le susurró una verdad inapelable: el complejo militar-industrial norteamericano es parte del tejido productivo al que él prometió devolverle el esplendor perdido, y quizás también le aclararon que lo que Obama y sus antecesores hacían en el exterior, no era producto de un altruismo genuino en la búsqueda de un futuro mejor para la humanidad, sino que intentaron, con matices, darle continuidad a aquella pesadilla que Eisenhower profetizó en 1961 “Sólo una vigilancia y una consciencia ciudadana pueden garantizar el equilibrio entre la influencia de la gigantesca maquinaria industrial-militar de defensa que hemos desarrollado y nuestros métodos y objetivos pacíficos, de tal forma que la seguridad y la libertad puedan desarrollarse armoniosamente.”

La paz parece no ser un buen negocio para una potencia que se desarrolla hace casi un siglo en contextos belicistas y Trump lo entendió rápido, pero había que apelar nuevamente a la comunicación de impacto para que la gente hable de las poderosas, costosas y, dudosamente efectivas, armas, como si hablase de un perrito simpático que se hizo viral por Instagram. Mientras el tablero geopolítico va a camino a reorganizarse con el -en apariencia- inevitable ascenso chino, la madre de todas las bombas mediáticas arrojada esta semana, nos deja algo en claro: desde Washington harán todo lo necesario para retener la hegemonía mundial que hizo de la barras y las estrellas un concepto mucho más complejo que el de un mundo libre.

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