Marido estéril cortó las manos de su mujer por no darle hijos

El caso de Jackline Mwende vuelve a poner de manifiesto la realidad de muchas mujeres de países en desarrollo, dónde son estigmatizadas si no traen al menos un niño al mundo. Aunque el problema no sean ellas.

Cuando Jackeline Mwende se casó con Stephen Ngilas en aquella iglesia blanca era incapaz de imaginar lo que ocurriría en el futuro.

Después de casi 5 años de matrimonio, ha perdido las dos manos y tiene varias cicatrices en la cara y la cabeza a causa de los ataques de su marido con un machete. Todo, por no haber traído ningún niño al mundo.

Jackeline no tiene ningún problema de fertilidad. Ella ha sido la víctima de la agresión. Pero es Ngilas, su marido, el estéril de la relación.

Así se lo hizo saber el médico en 2014. Por aquel entonces, fueron al hospital en busca de consejo médico y “se encontró que él tenía un problema. Así que el médico le aconsejó acudir a la clínica, pero nunca fue. Cada vez que yo le sugería ir él lo descartaba y decía: ‘voy a ver si tengo tiempo de ir'”. Pero nunca tuvo tiempo para ello.

Mwende y Ngilas fueron al médico en busca de consejo y se encontró que era él quien tenía un problema
Ahora, Mwende recuerda aquel día de finales de julio desde el Kukuyu Hospital : “lo vi y me dijo: ‘Hoy es el último día’. Nunca pensé que me pasaría algo así”.

Los vecinos también recuerdan un ataque que trajo gritos de desesperación, sangre salpicada en las paredes de las habitaciones y una mano cortada reposando en el suelo. Fueron ellos lo que llamaron a la policía.

A pesar de todo, ella aún guarda buenas memorias de su historia conjunta. Recuerda que él no siempre fue así, que hubo unos días en los que fue un buen hombre que la hizo feliz. Pero, con el tiempo su relación se marchitó.

“Llegó a un punto en el que cambió de repente y empezó a emborracharse”. Y fue entonces cuando el amor se convirtió en un mal sueño: el maltrato no cesó y se convirtió en esclava de su mal genio. “Nunca traía nada a casa. Era muy brutal. Me pegaba”.

La violencia doméstica es una realidad muy común en Kenia, según comentan grupos activistas. De acuerdo con el Centro de Recuperación en el Hospital de la Mujer de Nairobi, el 45% de las mujeres del país, de entre 15 y 49 años, han experimentado esta clase de agresiones en alguna ocasión.

Los vecinos escucharon gritos, vieron cómo las habitaciones estaban salpicadas de sangre y una mano cortada yaciendo en el suelo
Igual que en el caso de Mwende, activistas afirman que muchas de estas situaciones se originan por pobreza familiar y abuso de alcohol. Sin embargo, también hay otras comunidades tradicionales en las que la actitud dominante del hombre se ve normal, ya que se considera que los maridos tienen el derecho de disciplinar a sus esposas y utilizar el castigo físico si es necesario.

Esta es la realidad de muchas mujeres de países en desarrollo, donde están condenadas a ser socialmente estigmatizadas si no traen al menos un niño al mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y sea cuál sea la razón, aunque sea el hombre el causante del problema, la responsabilidad es de ella.

Mwende es una de las muchas mujeres que ha sufrido injustamente las consecuencias del estado de salud de otro, pero por suerte sigue aquí para que su historia de conozca: “él pensó que me había matado, pero Dios es grande”.

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