La crisis deportiva de Newell’s sumó un capítulo de violencia en la madrugada del domingo 22 de febrero de 2026, a pocos días del clásico frente a Rosario Central. En el predio de Bella Vista, un desconocido ingresó y arrojó una bomba tipo molotov contra el vehículo del futbolista Facundo Samuel Guch.
El ataque provocó daños en el auto y encendió alarmas puertas adentro: el agresor logró escapar y se investiga cómo se vulneró la seguridad del complejo. En paralelo, apareció una bandera con una amenaza explícita dirigida al plantel, en un contexto de máxima tensión por los malos resultados.
El episodio ocurrió horas después de la dura derrota 3-0 frente a Banfield, un partido que profundizó el malestar de los hinchas y aceleró definiciones internas. En ese clima, el club quedó obligado a reordenar lo deportivo mientras intenta contener un entorno cada vez más hostil.
Además de la investigación por el ataque, el foco se trasladó al operativo de seguridad del próximo clásico, con la necesidad de resguardar a jugadores y cuerpo técnico. La escalada de intimidaciones volvió a poner en debate el límite entre la protesta y el delito.
El mensaje fue leído como una advertencia directa: el rendimiento deportivo pasó a mezclarse con amenazas que exceden el folclore del fútbol y exigen una respuesta institucional y judicial.