El escenario político muestra un endurecimiento de la estrategia del Gobierno, que eligió avanzar con un esquema de “todo o nada” para sostener su programa económico. La decisión implica asumir mayores costos políticos en el corto plazo, en un contexto de desgaste social y con señales externas que reducen el margen de maniobra.
Uno de los ejes centrales es el diseño del Presupuesto, donde los recortes aparecen concentrados en capítulos específicos y altamente visibles. Entre ellos se mencionan áreas como universidades, salud pública y políticas vinculadas a discapacidad, lo que intensificó el conflicto con sectores sociales y actores institucionales.
La concentración del ajuste no solo expone prioridades fiscales, sino que también amplifica el impacto político de las medidas. Al focalizar los recortes, el Gobierno enfrenta protestas más organizadas y un mayor nivel de resistencia, tanto en la calle como en el Congreso.
A este cuadro se suma un contexto internacional menos favorable, con movimientos en los mercados que afectan la estabilidad financiera local. Ese escenario externo obliga a recalcular expectativas y limita la capacidad del Ejecutivo para sostener una narrativa de control absoluto de la situación.
La combinación entre ajuste concentrado, clima económico más incierto y una estrategia política confrontativa configura un punto de tensión. La gestión enfrenta el desafío de sostener gobernabilidad sin ceder el rumbo económico, pero con menos herramientas para amortiguar el impacto social.
Resumen: El Gobierno profundiza una estrategia política de alto riesgo, con recortes concentrados en áreas sensibles y un contexto económico que reduce el margen para negociar y contener el conflicto.