Ante la hipótesis de una guerra nuclear, el Gobierno de Estados Unidos cuenta con una estructura específica para preservar la conducción política y militar del país. En ese marco, un informe difundido por Perfil repasó cuáles serían los recursos de emergencia disponibles para proteger al presidente Donald Trump ante una amenaza de máxima escala.
El eje del sistema está puesto en los Boeing E-4B Nightwatch, conocidos popularmente como los “aviones del fin del mundo”. Se trata de aeronaves preparadas para funcionar como centros de comando aerotransportados en situaciones de crisis nacional, con capacidad de sostener comunicaciones estratégicas y coordinar respuestas si los centros de control en tierra quedaran comprometidos.
Además de esa flota, el esquema contempla refugios fortificados en Virginia y Pensilvania, pensados para asegurar la continuidad del Gobierno en un contexto de destrucción o colapso institucional. La lógica detrás de ese dispositivo no es solo proteger físicamente al presidente, sino garantizar que el mando federal siga operativo en medio de una emergencia extrema.
La propia Fuerza Aérea de Estados Unidos define al E-4B como una pieza clave del sistema nacional de comando militar para el presidente, el secretario de Defensa y la cúpula militar. También precisa que al menos una de estas aeronaves permanece en alerta permanente, con capacidad de operar como centro de comando y comunicaciones incluso frente a escenarios de destrucción de infraestructura en tierra.
El tema volvió a instalarse en medio de la tensión internacional y del temor a una escalada mayor en distintos frentes globales. En ese contexto, el artículo puso el foco en una pregunta que reaparece cada vez que crecen los riesgos geopolíticos: cómo se protege al jefe de Estado de la principal potencia militar del mundo si el peor escenario deja de ser una ficción.
El sistema de emergencia prevé “Aviones del Fin del Mundo” y refugios fortificados para garantizar la continuidad del Gobierno.
Más allá del tono impactante del planteo, el trasfondo es concreto: Estados Unidos mantiene desde hace décadas protocolos, aeronaves y estructuras de resguardo para sostener la cadena de mando incluso en un evento catastrófico.