En medio de la cuenta regresiva para el tratamiento de la reforma laboral en el Congreso, Patricia Bullrich encabezó una reunión con legisladores identificados como “dialoguistas”, con el objetivo de avanzar en acuerdos que permitan destrabar el proyecto impulsado por el Gobierno nacional. La iniciativa es considerada una de las reformas estructurales centrales del programa del presidente Javier Milei.
El encuentro se dio en un contexto de negociaciones intensas y de posiciones todavía fragmentadas dentro del arco político. Mientras el oficialismo busca consolidar apoyos fuera de su propio espacio, distintos sectores plantean reparos sobre el alcance de los cambios propuestos en materia de derechos laborales y condiciones de contratación.
En paralelo, los gobernadores peronistas comenzaron a mantener conversaciones para intentar unificar una posición común frente a la reforma. Las diferencias internas dentro del peronismo, entre sectores más confrontativos y otros abiertos a la negociación, volvieron a quedar expuestas ante la proximidad del debate parlamentario.
La definición del proyecto se presenta como una prueba clave para el Gobierno, tanto por el contenido de la reforma como por su capacidad para construir mayorías legislativas en un escenario político fragmentado.