Los Rodríguez Saá, una dinastía que se mira el ombligo

A casi 40 años de reinado la dinastía de los hermanos deja un balance negativo, no sólo por el inexplicable patrimonio de la dupla sino por el futuro de la provincia y por las décadas perdidas.

Más tarde que temprano Alberto y Adolfo dejarán de reinar, el implacable paso del tiempo, el hartazgo de sus políticas o simplemente el olvido habrán marcado a fuego cuatro décadas de atraso para San Luis. Ni autopistas, ni obras fastuosas, ni monumentos vacíos serán parte de un legado, más bien ofrecerán a la memoria histórica el paso de dos hermanos que buscaron gobernar, en un principio, y luego parapetarse en un poder a base de opresión.

Sin proyección de futuro, la dinastía se encamina a dar su última vuelta por la historia y buscará nuevamente torcer el brazo del paso de los años para conservar lo único que tienen, un poder añejo que huele cada vez peor. Adolfo y Alberto ya dieron lo mejor que tenían en sus años de vigor y juventud y a juzgar por los resultados no fue más que una seguida de espejos de colores que les permitiera ganar tiempo, manipular información y mostrar que hacen cuando simplemente ya dejaron de hacer.

El refrán  dice que “para muestra basta un botón”, la sabiduría popular sabe que con un dato a modo de ejemplo podemos mostrar un todo. Si miramos a nuestro alrededor habremos notado que en los gobierno de los hermanos San Luis nunca pudo posicionarse como destino turístico, lo único conseguido fue un slogan “de otro país” que rápidamente lo llevaron a la arena política. Nuestros vecinos, para citar un caso, de Villa María llevan 51 años realizando un festival de calidad internacional, a tal punto que los artistas buscan coincidir las fechas con el espectáculo de Viña del Mar y poder participar de los conciertos más importantes de ambos países.

Si Villa María pudo, siendo solo un municipio, trascender al paso del tiempo y coronarse como la ciudad mimada del espectáculo internacional por qué la dinastía de San Luis no lo logró, la respuesta podría incluir múltiples factores pero termina en dos personajes, sin dudas.

Adolfo y Alberto, o viceversa, se ocuparon de dos cuestiones que son innegables, una de ellas fue la de engordar sus bienes a tal punto de llegar con una desnutrida billetera al Estado y tener obesas valijas llenas de dinero después de casi 40 años de dominio. El otro punto en el que ocuparon el tiempo fue en mirarse el ombligo, nunca levantaron la cabeza hacia el futuro, quizás ocupados en la primera necesidad de engorde, pero con un legado que nos deja con una mínima perspectiva la misma que hay desde el centro de los ojos hacia la mitad del cuerpo.

 

 

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