U2 cerró su gira por Argentina con una impactante puesta en escena

El show de este The Joshua Tree World Tour se planteó como un repaso de ese camino recorrido: una apertura íntima, la ejecución completa del disco homenajeado y un cierre plagado de los hits más “contemporáneos”. De menor a mayor, con la prolijidad que caracteriza a estos muchachos irlandeses.

Todo comenzó a las 21.15, unos 45 minutos después de que Noel Gallagher’s High Flying Birds terminara su contundente set. El primer segmento aspiró a la intimidad de las primeras épocas: sin encender las pantallas, a media luz y en un cuadrilátero que estaba unido al escenario principal por una pasarela, la banda abrió con “Sunday bloody sunday”, contraatacó con “New year’s day” y puso al público que colmaba el Estadio Unico a saltar y a cantar a los gritos.

Hasta en el planteo del show asomaba una cierta decisión política: con un vip diminuto, todo el resto del campo fue para quienes estuvieron dispuestos a estar de pie, aunque más cerca de la banda y a precios algo más accesibles. Un gran acierto en tiempos de zonas exclusivas a medio llenar que no siempre consiguen brindar el “calor” que cualquier recital de rock necesita.

Siguiendo el esquema que vienen repitiendo en toda la gira, el set siguió con “Bad” -con un Bono entonando fragmentos de “Gracias a la vida” sobre el final- y “Pride (in the name of love)”. Entonces, mientras la audiencia coreaba el final de la canción, los cuatros músicos se trasladaron al escenario principal, la pantalla se tiñó de rojo e inició la ejecución de The Joshua Tree.

El tributo comenzó con los tres grandes hits que, casualmente o no, abren el disco: “Where the streets have no name”, “Still haven’t found what I’m looking for” y “With or whitout you”, que llegó con rescate de una rubia del público por parte de Bono, que no dejó de abrazarla y, finalmente, la acompañó con galantería nuevamente hacia el final del escenario.

Lo que vino después fue el recorrido por las otras 12 canciones de The Joshua Tree, menos conocidas quizás para alguna porción del público pero no por eso menos efectivas. Con el acompañamiento de los videos que se sucedían en la pantalla gigante, canciones como “Bullet the blue sky” o la emotiva “Running to stand still” se mostraron indemnes al paso del tiempo.

Quizás, lo más significativo por fuera de lo musical de ese disco, en retrospectiva, es el modo en que miró a los ojos e interpeló al Estados Unidos “profundo”, de la manera en que solo un visitante puede hacerlo. Y 30 años después, ese concepto cobra una nueva dimensión por un contexto político que habla de muros, que mira con desprecio al inmigrante y se niega a reconocerse en los valores democrático que profesa. “Exit” se convierte así, ahora, en un duro manifiesto contra Donald Trump y contra esa cierta incredulidad popular con la que llegó hasta la Casa Blanca.

Luego de “Mothers of the disappeared” -que, esta vez, no tuvo demasiada introducción por parte de Bono- llegó la primera despedida. El público aulló y la banda respondió. El primer encore trajo a una tripleta de canciones de la “última era”, que sonaron potentes y pusieron a todo el mundo a bailar: “Beautiful day”, “Elevation” y “Vertigo” se sucedieron como disparos sonoros en clave techinocolor.

Una nueva despedida que dejó todo listo para un regreso con la liviana “You’re the best thing about me” -primer single del próximo disco de U2, Stargazing- y al momento de homenaje a la mujer con “Ultraviolet (Light My Way)”, una perla de ese primer trip con la música electrónica que fue Achtung Baby!, de 1991.

Lo inmediato, fue “One”, posiblemente la canción definitiva de Bono como compositor, cantante y frontman. Porque es él quien sigue marcando el paso sobre el escenario con esa increíble capacidad de disfrazarse de un personaje distinto para cada canción. Puede, con la misma plasticidad, ser el muchacho irlandés que brega por la paz, el desquiciado que toma la cámara para hacer una performance en un primerísimo primer plano, el hombre políticamente correcto hasta el hartazgo y también el romántico con el corazón roto y la voz profunda.

Los aires punkies de “I will follow” funcionaron como final perfecto para un show sin fisuras. Emocionante por momentos, potente, reflexivo, pero fundamentalmente prolijo y acabado, sin demasiado lugar para lo espontáneo.

DEJA TU COMENTARIO